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El actor - Thomas Bernhard
El actor aparece en una representación de un cuento, en la que desempeña el papel de brujo malo. Va envuelto en una piel de oveja y lleva unos zapatos demasiado pequeños, que le aprietan. Todo su traje es tan incómodo que él empieza a sudar, pero nadie lo ve y, sobre todo, ante nadie le gusta actuar tanto como ante los niños, porque son el público más agradecido. Los niños, trescientos, se asustan cuando él entra en escena, porque han sido totalmente conquistados por la joven pareja a la que él convierte en dos animales diversos. Preferirían ver sólo a esa joven pareja, vestida con sus trajes de colores, y nada más, pero entonces la función no sería una verdadera función y resultaría al poco rato aburrida, ya que en todos los cuentos hay siempre un personaje maligno e impenetrable, que trata de destruir o, al menos, de ridiculizar, lo que es bueno y transparente. Cuando el telón se levanta por segunda vez, no es posible ya contener a los niños. Se precipitan de sus sillas al escenario y parece como si no fueran ya trescientos sino un múltiplo de trescientos y, aunque el actor llora bajo su máscara y les suplica que dejen de darle patadas y golpes con objetos duros y metálicos, no se dejan impresionar y lo golpean y pisotean hasta que deja de moverse y sus manos pálidas y mutiladas quedan en alto en el aire polvoriento del telar. Cuando los otros actores acuden presurosos y comprueban que su compañero ha muerto, los niños sueltan una monstruosa carcajada, tan enorme que todos pierden la razón.
 



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Klara Ana Salas Gomez | E-mail: klarabella2001@gmail.com