(...)
Encuentro IV: Konrad dice, en relación
con su estancia en Bruselas hace ahora
veintidós años, entonces
hospitalizó a su mujer por
un breve período en una clínica
de Lovaina, no literalmente, pero
sin embargo casi literalmente, lo
siguiente: cuando no aguanto más
en mi habitación, porque no
puedo pensar ni escribir ni leer ni
dormir y entonces, porque, en general,
no puedo más, tampoco ir de
un lado a otro por mi cuarto, es decir,
temo, porque he ido ya durante muchísimo
tiempo de un lado a otro por mi cuarto,
que si, de repente, vuelvo a ir de
un lado a otro, a cada instante lo
temo, también mi ir de un lado
a otro por mi cuarto se hará
imposible, y porque lo temo, se hace
también realmente imposible,
porque golpean, es decir, golpean
porque molesto, porque al ir de un
lado a otro molesto, golpean o llaman
o bien oigo simultáneamente
golpear y llamar, lo que me resulta
de lo más insoportable, porque
temo que puedan volver en seguida
a golpear o a llamar o a golpear y
llamar simultáneamente…
me voy, porque no aguanto más
en mi cuarto, de mi cuarto, bajo al
tercer piso y golpeo en la puerta
del profesor… golpeo y espero
hasta que el profesor oye mis golpes,
me quedo ante la puesta del profesor
y espero a que el profesor me diga
que entre… pienso, mientras
estoy otra vez ante la puerta del
profesor, hace frío, estoy
helado, no sé, son ya las once,
son las doce, es la una de la mañana…
a causa de ese continuo ir de un lado
a otro por mi cuarto he perdido casi
el sentido, espero, pienso ahora,
cada vez, cuando estoy ante la puerta
del profesor y espero, hasta que el
profesor dice ¡adelante!, la
puerta no está cerrada, dice,
y yo abro la puerta y entro, y veo
al profesor sentado a su escritorio…
espero, pero no oigo nada. Nada. Golpeo.
Nada. Espero y golpeo tanto tiempo,
que pienso que debo darme la vuelta
y volver a mi cuarto, el profesor
no te va a abrir hoy, hoy no…
ayer me abrió, antesdeayer
me abrió, antesdeantesdeayer,
durante toda la semana pasada me abrió,
me abrió cada vez que llamé…
pero hoy, pienso, el profesor no te
va a abrir… golpeo y golpeo
y escucho y no oigo nada. ¿No
estará el profesor? ¿O
está y es sólo que no
me oye? ¿Se habrá ido
otra vez al campo? Con cuánta
frecuencia se va el profesor al campo,
pienso, se va al campo de forma imprevista.
A ver a esos cientos de parientes
suyos, pienso. ¿Y si golpeara
más fuerte aún?, pienso.
¿Más fuerte? Pero si
ya he golpeado el doble, el triple
de fuerte… ¡Golpear!,
me digo. ¡Golpear! Realmente
golpeo ahora fuertísimo, y
pienso que ahora debe de haberme oído
toda la casa, porque he golpeado tan
fuerte como no había golpeado
jamás… ¡Golpear
más fuerte aún! Realmente,
alguien tiene que haber oído
ahora mis golpes… todas esas
gentes tienen oídos sensibles,
pienso, los oídos más
sensibles, los oídos de todas
esas gentes son de lo más sensible…
pero golpeo otra vez más, ahora
más fuerte aún, tan
fuerte como nunca he golpeado, y escucho
y oigo al profesor, viene a la puerta
y la abre, pero la abre sólo
a medias y yo le digo: espero no estorbar,
la verdad es que ya es tarde, pero
espero no estorbar… veo enseguida,
dice Konrad, que el profesor se encuentra
en pleno trabajo científicointelectual…
¡Mi Morfología!, dice,
dice Konrad, ¡mi Morfología!...
y yo digo, dice Konrad: si molesto,
me vuelvo en seguida a mi habitación.
¡Ahora bien!, digo, y el profesor
dice: ¡mi Morfología!,
y yo pienso, dice Konrad, ¿por
qué ha abierto la puerta sólo
a medias el profesor?, sólo
la abre lo suficiente para poder sacar
la cabeza y hablar conmigo, de forma
que yo no pueda entrar, nada más...
Ahora bien, oiga, digo, dice Konrad,
si molesto me vuelvo en seguida a
mi habitación. Si le molesto...
ahora veo, dice Konrad, que el profesor
se ha desnudado ya, está completamente
desnudo, completamente desnudo bajo
la bata, veo y le digo: ¡se
ha desnudado usted ya!, y luego: si
molesto, me vuelvo al instante a mi
habitación!, ¡basta con
que me diga que no quiere que lo molesten
ahora!... pero si usted me lo permite,
si me lo permite sólo una vez
más, entraré sólo
unos instantes a su casa, digo, me
marcharé en seguida, no sé
en absoluto qué hora es...
no tengo ni idea de qué hora
puede ser, digo, voy todo el tiempo
por mi cuarto de un lado a otro, de
un lado a otro con ese problema mío
y casi me vuelvo loco por ello...
como sabe, ahora no trabajo ya desde
hace días, no trabajo ya en
absoluto, mi querido profesor, me
resulta imposible, ni una línea,
nada, ni un pensamiento, nada... una
y otra vez pienso, ahora tengo un
pensamiento, en realidad no es nada,
nada, digo... y así ando todo
el día ocupado en ese pensamiento,
en realidad sólo con ese único
pensamiento por mi cuarto de un lado
a otro, arriba y abajo, de no tener
ningún pensamiento, de no tener
ni un solo pensamiento... porque,
realmente, desde hace ya mucho tiempo
no tengo ya ningún pensamiento,
digo... y así espero y así
ando, mientras espero y, sin embargo,
sólo lo espero a usted, espero
el día entero que vuelva usted
a casa... Hoy ha vuelto usted dos
horas más tarde a casa, digo,
ayer una hora y media más tarde,
realmente, hoy, dos horas y media
más tarde... le oigo, porque
siempre estoy atento, ya en la calle,
cuando abre usted la puerta de la
casa y cierra usted otra vez la puerta
de la casa, oigo cuando entra usted
en el vestíbulo, espero el
día entero que entre usted
en el vestíbulo... Hoy ha hecho
usted probablemente sus compras, ha
tenido que hacer gestiones, probablemente
ha pagado sus cuentas, ha ido también
probablemente a correos... y cuando
está usted en el vestíbulo,
pienso que ahora cerrará en
seguida la puerta del piso, que ahora
va usted a su cuarto... ahora se quita
el abrigo, los zapatos, ahora se sienta
al escritorio, pienso... ahora come
usted algo, ahora empieza usted a
escribir una carta, una carta a su
hija que vive en Francia, a su hijo
que vive en Rattenberg... o una carta
de negocios... o se ocupa usted de
su Morfología, pienso... oigo
cada vez con mayor claridad cómo
abre usted su cuarto, en los últimos
tiempos abre usted su cuarto mucho
más deprisa que al principio,
va usted rápidamente a su cuarto,
se quita el abrigo bruscamente...
y entonces pienso que reflexiona si
debe echarse en la cama o no, echarse
en la cama vestido o no, echarse en
la cama sin quitarse los zapatos o
no echarse en la cama, si, antes de
ocuparse de la Morfología,
debe echarse o no... que entonces,
cuando está echado en la cama,
cuando ha estado echado en la cama,
cobra conciencia de lo absurdo de
su trabajo y de lo absurdo de su existencia...
que tiene que cobrar conciencia de
ese absurdo... que tiene que ganarse
el pan de una manera tan deplorable,
tiene que estudiar de una manera tan
deplorable, que todos e ganan el pan
de esa manera deplorable, todos tienen
que estudiar de esa manera deplorable...
de una manera todavía más
deplorable, piense... y que, en el
fondo, pienso yo, le dijo Konrad al
parecer al profesor, dice Konrad,
usted no tiene ya a nadie en absoluto...
que usted entonces, tanto si se sienta
al escritorio como sino, tanto si
está echado en la cama como
si no, cobra conciencia, tiene que
cobrar conciencia de toda su infelicidad
y, de hecho, de una infelicidad cada
vez mayor... En ese instante le deja
entrar el profesor... y yo voy, dice
Konrad, inmediatamente a su cama y
le digo, como veo que la cama está
abierta, ha abierto usted ya la cama,
es posible que quiera irse usted ya
a la cama, o ¿quizás
estaba usted ya en la cama...?, y
le digo: no se moleste por mí,
échese si le apetece, sólo
quiero ir un poco de un lado a otro
por su cuarto, por su cuarto, ya sabe
usted que por mi cuarto no puedo hacerlo
ya... si voy por mi cuarto de un lado
a otro, digo, creo que todos oyen
en la casa que voy por mi cuarto de
un lado a otro, lo mismo que también
usted, cuando leo, sabe que leo en
mi cuarto, sabe que yo, cuando pienso,
pienso en mi cuarto, y lo mismo sabe
que escribo, cuando escribo en mi
cuarto, y lo mismo, cuando estoy echado
en la cama, que estoy echado en la
cama… todas esas gentes saben
siempre, creo, lo que hago, digo…
porque oiga, digo, esas gentes saben
también que pienso cuando pienso
en mi cuarto, que pienso en el estudio…
eso hace que me resulte imposible
pensar en mi cuarto, pensar en mi
cuarto en el estudio y, por esa razón,
llevo ya tanto tiempo sin pensamientos…
y qué horrible, pienso, es
para mí no poder pensar en
mi cuarto, qué horrible escribir
una carta en mi cuarto… por
eso, desde hace tanto tiempo, no leo
ya, y tampoco puedo ya pensar…
pero en su cuarto, digo, siempre me
es posible todavía ir de un
lado a otro… voy por su cuarto
de un lado a otro y me tranquilizo…
poco a poco y, al cabo de algún
tiempo, de forma cada vez más
intensa, digo, y: entonces puedo volver
otra vez a mi cuarto… ya ve,
digo, ahora me tranquilizo, todo mi
cuerpo se tranquiliza… y esa
tranquilidad, digo, pasa también
luego lentamente a mi cerebro, es,
cuando me tranquilizo aquí
en su cuarto, simultáneamente
una tranquilidad del cuerpo y del
cerebro… realmente, digo, sólo
necesito entrar en su cuarto, y me
tranquilizo… ¿Qué
es esto? Cuando, sin embargo, me resulta
imposible visitar jamás a ninguna
otra persona… entro en su habitación
y me tranquilizo… Hoy, digo,
ha vuelto usted a casa tan tarde,
esas ridículas gestiones, digo,
que tiene que hacer… ese correo
ridículo, que recibe día
tras día y día tras
día tiene que contestar, esas
gentes ridículas… yo
no recibo ningún correo, no
respondo ningún correo…
y esos antipáticos colaboradores
de su oficina que tiene usted que
aguantar, que durante tantos años
tiene ya que aguantar… esas
cosas antipáticas, digo, le
impiden volver antes a casa…
y al dar usted la vuelta a la llave
en la cerradura, digo, pienso cada
vez que me salvará de esta
horrible situación, digo, porque,
sabe usted, digo, me siento siempre
como si me ahogase… terminar
mi vida ahogado, digo, ahogarme al
final, grotesco que tuviera que ahogarme
al final… porque usted haya
tenido alguna vez que hacer una serie
de gestiones suplementarias, y haya
vuelto demasiado tarde a su casa…
y a su cuarto, mientras que yo me
habré ahogado hace tiempo,
le dice Konrad al profesor, realmente
creo todos los días, a la misma
hora, que me voy a ahogar, que me
ahogo, pienso, por una ridiculez,
porque usted, como podría ocurrir
alguna vez, ha tenido que hacer otra
gestión, dar otro rodeo, visitar
a su tía más tiempo…
le oigo en la calle, oigo sus pasos,
oigo cómo da la vuelta a la
llave en la cerradura de la casa,
cómo le da la vuelta en la
puerta del piso… ahora, digo,
me tranquilizo, ya ve que me tranquilizo
porque me ha dejado entrar en su cuarto,
digo, si al menos no le molestase,
digo, pienso, digo, que le he molestado
ya tan a menudo, dice Konrad, pero
si sigo solo un instante más,
le dice al profesor, pienso siempre
que me ahogaré… y entonces
le oigo a usted… Qué
miniatura más bonita, digo,
tiene usted en la pared, esas bonitas
miniaturas que jamás había
visto… y entonces oigo cómo
abre usted la puerta de su piso y
cómo la cierra y cómo
se echa usted en la cama y cómo
se sienta usted a su escritorio y
cómo se levanta otra vez del
escritorio… y entonces voy por
centésima vez de un lado a
otro por mi cuarto, siempre de un
lado a otro, y me digo: ahora puedes
ya bajar a casa del profesor, ahora
es correcto ya, y entonces otra vez:
ahora, ir, bajar, bajar aprisa, ahora,
ahora… y me vuelvo ya casi loco
con ese pensar una cosa y otra, con
ese incesante voyonovoy… es
correcto, o no es correcto…
y pienso: ¡ahora!, y ¡ahora!,
y así se pasa una hora, y me
digo, sin embargo, el profesor estará
posiblemente ocupado con su Morfología…
realmente estaba usted ahora precisamente
ocupado con su Morfología,
digo, dice Konrad, y al mismo tiempo,
sin embargo, demasiado fatigado…
Está usted demasiado fatigado,
digo… ¡y muy ocupado!,
digo, y voy al escritorio y veo que
el profesor se ha estado ocupando
de su Morfología… mientras
yo, durante toda una hora, pensaba,
voy a casa del profesor o no…
Sí, digo, si molesto…
dígame usted que molesto…
que, naturalmente, molesto…
dígame usted, si molesto, que
molesto… que, naturalmente,
molesto, le molesto ya todo el tiempo,
digo, dice Konrad, que todos estos
años le molesto… todos
estos años que llevo viviendo
con usted en esta casa… ¡soy
un personaje molesto!... pero ya ve,
digo, dice Konrad, espero dos horas,
espero cuatro horas, seis horas, ocho
horas… y no bajo a su casa…
esperas tanto tiempo y entonces no
bajas a casa del profesor, digo…
y naturalmente bajo y golpeo en su
puerta, golpeo muchísimo tiempo
hasta que usted abre y me deja entrar…
y me deja ir de un lado a otro por
su cuarto, para que lentamente me
tranquilice… y me tranquilizo,
digo, y digo: posiblemente avanzaré
esta noche un trecho en mi estudio,
aunque sólo sea el trecho más
corto… Posiblemente, digo, pero
me digo eso día tras día,
me digo día tras día,
hoy, cuando el profesor vuelva a casa,
bajarás a su casa y andarás
por su cuarto de un lado a otro y
entonces volverás a tu cuarto
y empezarás a escribir el estudio…
eso me digo, como sabe usted, dice
Konrad, también hoy, ahora,
y que ahora, me digo siempre, ahora
empezaré a escribir el estudio…
y al profesor le digo, dice Konrad,
si por lo menos no le hubiera molestado...
si no supiera yo, digo, que fácilmente
se molesta a las personas, a una persona
que necesita tranquilidad, a una persona
como usted, profesor, a una persona
como yo, profesor... a la que, cuando
sin embargo sólo quiere estar
sola, se la molesta... pero a diferencia
de mí, le digo al profesor,
que no puedo ya estar solo, usted
quiere, y lo curioso es que, con ello,
se ha hecho ya tan viejo, estar solo,
porque naturalmente tiene usted que
estar solo... y la verdad es que siempre
me dice, cuando vengo a su casa, digo,
dice Konrad, que quiere estar solo,
que tiene que estar solo, incluso
cuando no lo dice, incluso cuando
no lo está... incluso cuando
no dice nada oigo cómo dice
quiero estar solo... mi querido profesor,
digo, ahora me voy a mi cuarto, me
he tranquilizado y: es exclusivamente
mérito suyo que me haya tranquilizado...
pero probablemente tampoco usted me
podrá tranquilizar ya pronto,
lo mismo que mi mujer no me puede
tranquilizar ya, nadie, nada, digo...
le doy las gracias, le doy las gracias,
digo, y voy hacia la puerta, y el
profesor me abre, y yo digo, no quería,
la verdad es que no quería
molestarlo, querido profesor, no quería
molestarlo, no quería molestarlo
y me doy la vuelta y oigo que el profesor
vuelve a su cuarto... llego sorprendentemente
deprisa a mi cuarto, pienso, y me
siento al escritorio y empiezo a escribir,
pero no puedo escribir... creo que
tengo que poder escribir, pero no
puedo... y me levanto y voy por mi
cuarto de un lado a otro, arriba y
abajo, lo mismo que también
aquí, en la Calera, voy por
mi cuarto de un lado a otro y arriba
y abajo... una infeliz predisposición
me hace ir toda la noche por mi cuarto
de un lado a otro y arriba y abajo...
toda la noche y, por la mañana
temprano y mientras el profesor hace
ya tiempo que se ha ido otra vez,
sigo yendo de un lado a otro y tengo
miedo de ese ir de un lado a otro,
lo mismo que entonces lo temo hoy
también, lo mismo que entonces
en Bruselas temo hoy todavía
en la Calera ese ir de un lado a otro
y voy de un lado a otro y espero y
pienso, espero y voy y voy y voy...
y voy... (...) |