Personas
más fuertes lo obligan a leer
en un libro un pasaje bastante largo
que no puede comprender, porque nunca
se ha ocupado de lo que ese pasaje
trata. Y aunque le repitan una y otra
vez que el contenido del pasaje es
sencillo y, por ello, tendría
que comprenderlo, no sabe qué
pensar de lo que en él se expone.
Luego lo envían a otra habitación,
en donde tiene que responder a diversas
preguntas, lo que le resulta fácil,
porque le formulan las preguntas de
tal modo que también hubiera
podido hacerlas él a los que
lo interrogan. Finalmente, sin embargo,
viene la pregunta más importante
y, aunque se esfuerza por responderla,
no le resulta posible. Las personas
más fuertes le dejan tiempo,
de las once a las trece horas, y luego
deciden dar la pregunta por no respondida.
Lo envían a otro piso para
que resuelva su problema. Le han dicho
el número de la puerta, que
busca. Lo busca durante horas y cuando
se derrumbar de cansancio, vuelve
a empezar a buscarlo, porque no tiene
otra opción que buscar ese
número de puerta. Finalmente
pierde el conocimiento. Se despierta
y sigue buscando el número
de la puerta. Está ya en el
piso treinta y cuatro y todavía
no lo ha encontrado. Los pasillos
son largos. En un punto indeterminado
desembocan en la oscuridad. Por eso
necesita días para llegar al
piso setenta y cinco. Pero tampoco
en los pisos setenta y setenta y cinco
encuentra el número de la puerta,
aunque, cuanto más arriba sube,
mayor es su esperanza de encontrarlo.
Cada puerta puede tener el número
que busca. Se despoja de sus ropas
para poder avanzar más rápidamente.
Se inventa un método que le
permite abarcar de una ojeada dos
y hasta tres números de puerta.
La idea de que absorbe continuamente
droga le da fuerzas insospechadas
entre los pisos noventa y nueve y
cien. En el piso ciento quince se
derrumba. Sin embargo, una voz, que
pretende ser humana, le dice que el
edificio sólo tiene otros cuatro
pisos. De modo que se recupera y los
recorre. Al llegar al último
número de puerta, cree que
el número que le han dicho
las personas más fuertes no
existe. En realidad, lo ha olvidado.
Por miedo a que las personas más
fuertes puedan considerarlo loco,
se queda arriba y se esconde detrás
de un cubo de basura. No lo descubren
hasta meses más tarde. |