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La bella y el fiel - Robert Walser
La bella, rodeada de caballeros, se ve colmada de atenciones en el salón. Su amante se le antoja pequeño; sentado un tanto aparte, totalmente apocado, él sonríe, sin embargo, con harta insolencia.

¿Querrá vengarse? Es raro que un hombre que ama haya negado conocer el odio. La bella lo ignora, ella es la homenajeada, a él no le hacen caso. No obstante, de rato en rato le lanza una mirada, quizá con la intención de ponerlo celoso, con el deseo de impresionarlo.

Ella está radiante, se siente muy segura. ¿Acaso no debería él envidiarla, sentirse abatido? Ser el personaje secundario en sociedad: ¡qué insoportable!

La bella: Esta noche has desaparecido literalmente, de pura modestia eres casi invisible. No se nota tu presencia. ¿Qué estás haciendo?

El amante (mostrándole un pañuelo de mujer que le había comprado a una artista de cabaret): ¡Flirteando!

La bella palidece, retrocede, se dirige hacia los otros serena por fuera, pero indignada por dentro; está abatida, pero simula satisfacción. La pregunta "¿Habrá dejado de quererme?" la atormenta más y más cada minuto. Saber que el fiel estaba ahí la había aureolado con la certeza de ser bella. Le exigía demasiado y se creía con derecho a hacerlo. A nadie le pedía tanto placer en la renuncia como a él, ¿y ahora esa desfachatez? Se sienta y le lanza miradas de espanto.

El amante (para sus adentros): ¿Qué no hace uno para eludir el desdén?
 



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Klara Ana Salas Gomez | E-mail: klarabella2001@gmail.com